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viernes, 22 de noviembre de 2013
El deseo en silencio
No hay, no puede haber en el silencio otra máquina oculta que la de contar la propia muerte. Es ansia de vacío, dolor oscuro que se afila como una luz voraz, como una hoz hambrienta para desguazar el fin, estructurar después sus fragmentos, intensos y desnudos, en un esqueleto rotundo que les dé apariencia de cuerpo y, además, qué cosas, todo el volumen del anhelo. Es esa necesidad de hundir en la tierra imaginada de la propia tumba todo el ardor cristalizado, la memoria que sangra entero el placer, como una lava que desconsideradamente cuaja en un sueño mineral rabiosamente incandescente. Esa es la piel interior, la caricia secreta del escondrijo donde las palabras escamotean su sonido, se agachan, como sombras sedientas, como almas deshuesadas y lascivas, en una quietud expectante, tenebrosa, y pasean suavemente sus manos por el sinsentido ausente de la herida que ha olvidado su cicatriz: como el lobo olvida, en la oscuridad, el resplandor envolvente de la respiración materna, cuando sus pasos, bailables y sedosos, escupen en la nieve la terca mansedumbre del deseo.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Te he dejado la luz
Te he dejado la luz
caída sobre tu silencio,
como una mariposa
desolada,
como un vacío,
lleno y denso.
caída sobre tu silencio,
como una mariposa
desolada,
como un vacío,
lleno y denso.
miércoles, 9 de marzo de 2011
No es silencio
No es silencio. Tus labios
se abren precisos: buscan
en el aire la sombra
ausente,
el huidizo perfil de las palabras.
Las que nunca te dije. Las que acaso
siempre has deseado
olvidar. Las que ahora se abrazan
inesperadamente
al cuerpo inerte de mi voz,
estas que ahora
puedes leer mientras las formas
como luz negra
en la caricia muda de tu boca.
se abren precisos: buscan
en el aire la sombra
ausente,
el huidizo perfil de las palabras.
Las que nunca te dije. Las que acaso
siempre has deseado
olvidar. Las que ahora se abrazan
inesperadamente
al cuerpo inerte de mi voz,
estas que ahora
puedes leer mientras las formas
como luz negra
en la caricia muda de tu boca.
jueves, 20 de enero de 2011
Palabras, otra vez
Roto el bloqueo,
la absurda cáscara, el destierro
que las palabras arrugadas,
sin papeles, apátridas,
rumiaban
sobre la espalda mojada del silencio.
Rasgan ahora los velos,
sacuden, de repente,
el exilio del sol a mediodía
y tiemblan
como la tierra quebrándose en racimos
para llenar la boca,
los perfiles
de labios ambiciosos,
suaves,
certeros como halcones.
la absurda cáscara, el destierro
que las palabras arrugadas,
sin papeles, apátridas,
rumiaban
sobre la espalda mojada del silencio.
Rasgan ahora los velos,
sacuden, de repente,
el exilio del sol a mediodía
y tiemblan
como la tierra quebrándose en racimos
para llenar la boca,
los perfiles
de labios ambiciosos,
suaves,
certeros como halcones.
domingo, 10 de enero de 2010
Es necesario
Desbrozas la agonía
espesa de un silencio derrotado.
Bajo esa piel te temes
palabras de ceniza,
recuerdo,
tal vez aroma incluso
de crepúsculo roto,
ese hondo olor oscuro de súplica y de odio.
Qué importa si los ruidos
del tráfico exterior se aferran
como perros de presa
a tu dolor maldito. A los pedazos
de aquella forma de amar,
aquel espacio
de luz y de palabra, ya apagado.
Luego,
no despiertas de pronto.
Es muy despacio
como emerges, cansado,
de la maleza imaginaria
hasta el contacto limpio de la vida.
El aire duele entonces
y te clava por dentro sus espuelas.
espesa de un silencio derrotado.
Bajo esa piel te temes
palabras de ceniza,
recuerdo,
tal vez aroma incluso
de crepúsculo roto,
ese hondo olor oscuro de súplica y de odio.
Qué importa si los ruidos
del tráfico exterior se aferran
como perros de presa
a tu dolor maldito. A los pedazos
de aquella forma de amar,
aquel espacio
de luz y de palabra, ya apagado.
Luego,
no despiertas de pronto.
Es muy despacio
como emerges, cansado,
de la maleza imaginaria
hasta el contacto limpio de la vida.
El aire duele entonces
y te clava por dentro sus espuelas.
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