He comenzado una aventura en un canal de vídeos. Hasta ayer solo había publicado audios con recitaciones de poesía y pequeñas explicaciones combinadas. Ahora tenéis disponibles, junto a esos audios, alguna tentativa de contenido nuevo.
Espero que vuestra amabilidad me ayudará a confiar en que prestaréis tanta atención y cariño a la nueva empresa como la que obtenía de vosotros, inmerecidamente, en este espacio tan variado.
Probablemente, aprovecharé materiales de este y otros blogs para darles nueva vida y aliento. De hecho, alguno de los poemas ya ha vuelto a volar con alas hechas de voz. Basta con que miréis en las listas del canal.
Gracias a todos. No es que descarte volver a publicar aquí nuevos apuntes. Dependerá de razones y ánimos que ahora, sinceramente, no soy capaz de calcular. En todo caso, este blog sigue ofreciendo todo lo que en él vio la luz por vez primera. Y así debe ser.
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lunes, 24 de febrero de 2020
lunes, 18 de junio de 2018
Vas a dejar tu boca
Vas a dejar tu boca en cada boca
de esta cumbre de heridas al acecho.
Vas a poner tus labios,
tu deslumbrada sed,
sobre el rumor preciso de la sangre.
Voy a dejar la pena encanecida
entre un zarzal de sombras ciegas.
A tatuarme el tiempo,
seca arena de siempres derramados.
Ha de brotar la oscura luz del aire,
el beso
por entre los espejos derrotados.
Delicia de este amargo amor amado.
Y mi lengua... va y busca tragos de miradas.
de esta cumbre de heridas al acecho.
Vas a poner tus labios,
tu deslumbrada sed,
sobre el rumor preciso de la sangre.
Voy a dejar la pena encanecida
entre un zarzal de sombras ciegas.
A tatuarme el tiempo,
seca arena de siempres derramados.
Ha de brotar la oscura luz del aire,
el beso
por entre los espejos derrotados.
Delicia de este amargo amor amado.
Y mi lengua... va y busca tragos de miradas.
martes, 20 de marzo de 2018
Voy a escribir tus ojos
Voy a escribir tus ojos en la boca
de este verso de carne fugitiva.
Te besará la luz cuando regrese
al refugio feliz de tu mirada.
Saludará con un te quiero mudo,
con la sal y el espejo que en mis venas
gimen la imagen pródiga, caída
en los brazos del aire desatento.
Se dormirá en el cuerpo de una lágrima,
crisálida de amor y de tristeza,
para alumbrar la noche de quererte,
el día eterno y puro de besarte.
de este verso de carne fugitiva.
Te besará la luz cuando regrese
al refugio feliz de tu mirada.
Saludará con un te quiero mudo,
con la sal y el espejo que en mis venas
gimen la imagen pródiga, caída
en los brazos del aire desatento.
Se dormirá en el cuerpo de una lágrima,
crisálida de amor y de tristeza,
para alumbrar la noche de quererte,
el día eterno y puro de besarte.
lunes, 4 de julio de 2016
Ítaca, de Cavafis
Algunos matices más.
He traducido directamente del griego. Cuando decía que es inasible o ajeno el original, me refería a lo limitado del conocimiento de otras lenguas. Salvo quizá en los bilingües nativos, la extrañeza es siempre una capa que nos parece impenetrable.
Más aún si la lengua es artificial. No es que quiera entrar en detalles de especialista, pero puede ayudar saber que Cavafis usa una lengua en cierto modo inexistente, una mezcla del griego demótico, popular, que nunca adopta por entero, y una lengua pura, artificialmente cercana al griego clásico, entonces mantenida por los autores más conservadores. De hecho, cada escritor griego siempre siente ese desafío, esa necesidad de marcar, lingüísticamente, la cercanía o la distancia con el lenguaje de la enorme y apabullante tradición helénica, que es sentida, y no, como propia. Mucho más en un poema que precisamente proyecta la existencia sobre el fondo de la Odisea, uno de los poemas que inauguran Grecia y Occidente. Y es esa distancia, precisamente, la clave: si quieres ser Ulises, no esperes aventuras maravillosas y mágicas. Toda la magia del camino está en ti, en tu escala humana. No podemos enfrentarnos a los dioses, que en realidad son obra nuestra, falso enaltecimiento que nos impide comprender de verdad nuestra grandeza. No renuncies a los sentidos, al cuerpo, a los perfumes del deseo -el adjetivo griego de perfumes abraza la alusión al placer, a la sensualidad. Y no renuncies al saber, a llenar tu alma. Esa es la riqueza, el recuerdo del placer --obsesión poética recurrente de Cavafis, simbolizada en Fenicia-- y la sabiduría, que se reviste del prestigio del antiguo Egipto. Pero no olvidemos que Ítaca es una patria, que la Odisea es un regreso, una vuelta a uno mismo. Cambiado, enriquecido, viejo, pero protagonista de un regreso, ennoblecido por la memoria y el conocimiento.
No hay nada más, no hay engaño de la esperanza: solo tiene sentido el final de la vida en la medida en que se prolonga melancólicamente en torno al yo esencial, al propio origen último, pero distendido, ensanchado hacia el final de la muerte por el placer que se evoca y revive, ahondado en la mente cultivada.
He aquí las dos claves de toda la poesía de Cavafis, de su ideal de vida, y de muerte: recuerdo del cuerpo, conocimiento del alma. Sus "personajes" poéticos siempre se mueven entre el deseo y la memoria, amenazados por el tiempo y la muerte, que aceptan ("no digas que fue un sueño..."), y humanizados por el conocimiento. Solo los dioses aúnan un cuerpo inmortal y joven y la sabiduría, solo en ellos vida y recuerdo son, en cierto modo, simultáneos, sinónimos... Para nosotros, apenas la poesía nos permite, fugazmente, engañosamente, fundirlos.
Creo que esto puede centrar mejor la lectura del texto, sin que pretenda invalidar, por supuesto, las sugerencias que el poema despierta, de un alcance, como es fácil comprobar, personal e ilimitado. Ese es, sin duda alguna, uno de los privilegios de la auténtica poesía.
Ítaca, de Cavafis
Si emprendes el viaje a Ítaca,
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.
Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.
Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre un tanto ajeno, sino ese espacio más allá de una y otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, del tiempo. Como si el poema no fuera, en realidad, ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.
Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.
Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.
Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre un tanto ajeno, sino ese espacio más allá de una y otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, del tiempo. Como si el poema no fuera, en realidad, ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.
Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.
Algunos matices más.
He traducido directamente del griego. Cuando decía que es inasible o ajeno el original, me refería a lo limitado del conocimiento de otras lenguas. Salvo quizá en los bilingües nativos, la extrañeza es siempre una capa que nos parece impenetrable.
Más aún si la lengua es artificial. No es que quiera entrar en detalles de especialista, pero puede ayudar saber que Cavafis usa una lengua en cierto modo inexistente, una mezcla del griego demótico, popular, que nunca adopta por entero, y una lengua pura, artificialmente cercana al griego clásico, entonces mantenida por los autores más conservadores. De hecho, cada escritor griego siempre siente ese desafío, esa necesidad de marcar, lingüísticamente, la cercanía o la distancia con el lenguaje de la enorme y apabullante tradición helénica, que es sentida, y no, como propia. Mucho más en un poema que precisamente proyecta la existencia sobre el fondo de la Odisea, uno de los poemas que inauguran Grecia y Occidente. Y es esa distancia, precisamente, la clave: si quieres ser Ulises, no esperes aventuras maravillosas y mágicas. Toda la magia del camino está en ti, en tu escala humana. No podemos enfrentarnos a los dioses, que en realidad son obra nuestra, falso enaltecimiento que nos impide comprender de verdad nuestra grandeza. No renuncies a los sentidos, al cuerpo, a los perfumes del deseo; el adjetivo griego de perfumes abraza la alusión al placer, a la sensualidad. Y no renuncies al saber, a llenar tu alma. Esa es la riqueza, el recuerdo del placer, esa obsesión poética recurrente de Cavafis, simbolizada en Fenicia, y la sabiduría, que se reviste del prestigio del antiguo Egipto. Pero no olvidemos que Ítaca es una patria, que la Odisea es un regreso, una vuelta a uno mismo. Cambiado, enriquecido, viejo, pero protagonista de un regreso, ennoblecido por la memoria y el conocimiento.
No hay nada más, no hay engaño de la esperanza: solo tiene sentido el final de la vida en la medida en que se prolonga melancólicamente en torno al yo esencial, al propio origen último, pero distendido, ensanchado hacia el final de la muerte por el placer que se evoca y revive, ahondado en la mente cultivada.
He aquí las dos claves de toda la poesía de Cavafis, de su ideal de vida, y de muerte: recuerdo del cuerpo, conocimiento del alma. Sus "personajes" poéticos siempre se mueven entre el deseo y la memoria, amenazados por el tiempo y la muerte, que aceptan ("no digas que fue un sueño..."), y humanizados por el conocimiento. Solo los dioses aúnan un cuerpo inmortalmente joven y la sabiduría, solo en ellos vida y recuerdo son, en cierto modo, simultáneos, sinónimos... Para nosotros, apenas la poesía nos permite, fugazmente, engañosamente, fundirlos.
Creo que estos apuntes pueden centrar mejor la lectura del texto, sin que pretenda invalidar, por supuesto, otras sugerencias que el poema de por sí despierta, emancipado de su autor y de su obra, ya con un alcance, como es fácil comprobar, personal e ilimitado. Ese es, sin duda alguna, uno de los privilegios de la auténtica poesía.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Te dejaré la luz
Te dejaré la luz
en las chiquitas manos,
como un caballito
triste y resabiado.
Y tú me dirás
cuántos galopes
te va dibujando
en los ojos llenos
de nube y de llanto.
en las chiquitas manos,
como un caballito
triste y resabiado.
Y tú me dirás
cuántos galopes
te va dibujando
en los ojos llenos
de nube y de llanto.
jueves, 27 de marzo de 2014
Por lo visto
Por lo visto, no es fácil
olvidarte.
Tu olor se pega a mi memoria
con la destreza ambigua
de tu cuerpo.
Busco además
-sé que es absurdo-
la fricción y el ahogo,
la insistencia precisa de tu voz,
la lealtad incluso,
finalmente exaltada,
del grito y el placer.
olvidarte.
Tu olor se pega a mi memoria
con la destreza ambigua
de tu cuerpo.
Busco además
-sé que es absurdo-
la fricción y el ahogo,
la insistencia precisa de tu voz,
la lealtad incluso,
finalmente exaltada,
del grito y el placer.
martes, 25 de marzo de 2014
Labios
He tejido de espera
la sombra imaginada de tu boca,
en la desnuda piel
ausente del deseo.
He bebido la luz que te absorbía
como si fueras agua,
y he pensado
en la honda calidez,
en la niebla suave de besarte.
No podría decir
si es mentira o tu cuerpo
el sabor que se borra
derretido de olvido por mis sueños.
la sombra imaginada de tu boca,
en la desnuda piel
ausente del deseo.
He bebido la luz que te absorbía
como si fueras agua,
y he pensado
en la honda calidez,
en la niebla suave de besarte.
No podría decir
si es mentira o tu cuerpo
el sabor que se borra
derretido de olvido por mis sueños.
martes, 18 de marzo de 2014
Bebe
Bebe mi sombra
como un delito oscuro,
una caricia
desposada en sangre y en tiniebla.
Chupa mi desamor,
gozo y abismo agrio,
pus de memoria negra,
de quejido sin sueño ni marea.
Ah, limpia desolación,
olor de luz
rancio y ambiguo,
apura su sabor,
su muerte
exacta y seca.
como un delito oscuro,
una caricia
desposada en sangre y en tiniebla.
Chupa mi desamor,
gozo y abismo agrio,
pus de memoria negra,
de quejido sin sueño ni marea.
Ah, limpia desolación,
olor de luz
rancio y ambiguo,
apura su sabor,
su muerte
exacta y seca.
viernes, 14 de febrero de 2014
Tus manos
Tus manos. Como la piel del viento,
como los labios
del agua. Silencio derramado
en el cauce feliz de la memoria.
como los labios
del agua. Silencio derramado
en el cauce feliz de la memoria.
jueves, 6 de febrero de 2014
Dejaré mi recuerdo
Dejaré junto a ti
mi recuerdo flojo, desmadejado,
títere sin hilos, sombra
sin rumbo ni reposo.
Luz embebida
en la mortal oscuridad del tiempo.
mi recuerdo flojo, desmadejado,
títere sin hilos, sombra
sin rumbo ni reposo.
Luz embebida
en la mortal oscuridad del tiempo.
jueves, 2 de enero de 2014
Bébete el reflejo
Bébete mi reflejo, ahora alegre
de mirarte. Oscila
en el agua de las manos
como una hoja, sedienta
de los besos de sombra de tu boca.
de mirarte. Oscila
en el agua de las manos
como una hoja, sedienta
de los besos de sombra de tu boca.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Amarte
Enhebrar el placer, como una herida,
en la aguja sedienta del gemido,
la lágrima irisada
de la voz que arracima vuelo y vuelo.
Desceñir la memoria, limpiamente,
de su pudor trenzado y entre dientes
rebosar agonías y mareas,
sombras desnudas, carne, gozo, sangre,
silencio abruptamente iluminado.
Escribirte en la piel de este poema,
tatuarte la muerte y el deseo:
esto es amarte. ¡Hielo de miel,
quien lo probó, lo sabe!
en la aguja sedienta del gemido,
la lágrima irisada
de la voz que arracima vuelo y vuelo.
Desceñir la memoria, limpiamente,
de su pudor trenzado y entre dientes
rebosar agonías y mareas,
sombras desnudas, carne, gozo, sangre,
silencio abruptamente iluminado.
Escribirte en la piel de este poema,
tatuarte la muerte y el deseo:
esto es amarte. ¡Hielo de miel,
quien lo probó, lo sabe!
jueves, 19 de diciembre de 2013
Para decirte adiós
Para decirte adiós, una palabra
no bastará con su calor reseco,
su cortejo probable de memoria.
Tendré que masticar las sombras,
decidir si escupo
la luz de tus ojos criminales;
si renuncio, y no es fácil,
al escozor oscuro de tu boca.
no bastará con su calor reseco,
su cortejo probable de memoria.
Tendré que masticar las sombras,
decidir si escupo
la luz de tus ojos criminales;
si renuncio, y no es fácil,
al escozor oscuro de tu boca.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Silencio varado
Hechas de soledad,
estas palabras
te alcanzarán como la lluvia.
Lamerán tu memoria,
como lenguas de luz
adormilada;
garabatearán en tus dedos,
como insectos tenaces,
repiqueteando
parpadeos de sombra
y de deseo.
Subirán como humo
la llama de sabor borroso,
el olor
menudo y cálido
de tu nombre desnudo
y dulce
hasta tu boca.
Y no podrán decirte,
no sabrán desvestirse
de sonidos
para tenerte dentro,
rehén feliz de este silencio
varado, tanto tiempo.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Mirar es tu camino
Por el camino vivo
de tu mirada,
cuántas lunas rocían
su danza amarga.
Por el amor oscuro,
viento de plata,
breve alcázar de sombra,
labios de agua.
Lluvia que siembra
el cristal derramado,
tan larga espera.
de tu mirada,
cuántas lunas rocían
su danza amarga.
Por el amor oscuro,
viento de plata,
breve alcázar de sombra,
labios de agua.
Lluvia que siembra
el cristal derramado,
tan larga espera.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Dejé tu noche
Dejé tu noche,
atrapada en la pereza de tus pasos,
abandonada
como un ángel roto,
mojada del olor de la derrota.
Compré tus manos a la lluvia;
el rumor de sus caricias
como una huella humilde
me lo trajo el viento
envidioso y ausente.
Bebí el olvido
robusto de tus besos,
el árbol de tu cuerpo
sus ramas de placer,
y la delicia sucia de las hojas
suaves como lágrimas.
Deseo este destierro,
el extenso sabor de las semanas,
la pureza salvaje que se pudre
tercamente
en el paisaje seco de mi boca.
atrapada en la pereza de tus pasos,
abandonada
como un ángel roto,
mojada del olor de la derrota.
Compré tus manos a la lluvia;
el rumor de sus caricias
como una huella humilde
me lo trajo el viento
envidioso y ausente.
Bebí el olvido
robusto de tus besos,
el árbol de tu cuerpo
sus ramas de placer,
y la delicia sucia de las hojas
suaves como lágrimas.
Deseo este destierro,
el extenso sabor de las semanas,
la pureza salvaje que se pudre
tercamente
en el paisaje seco de mi boca.
miércoles, 23 de octubre de 2013
Te pondré unas letras
Te pondré, sabes, amor,
solo unas letras:
trampas para el deseo,
espejismos de nieve, las palabras
traerán aquí el sabor,
la delicia menuda de sus ecos.
Como un muro de sombra,
o una esperanza oscura,
sellarán su silencio en el susurro
callado de las letras;
no habrá sino vacío y leves huellas,
surcos de luz inesperada.
solo unas letras:
trampas para el deseo,
espejismos de nieve, las palabras
traerán aquí el sabor,
la delicia menuda de sus ecos.
Como un muro de sombra,
o una esperanza oscura,
sellarán su silencio en el susurro
callado de las letras;
no habrá sino vacío y leves huellas,
surcos de luz inesperada.
viernes, 4 de octubre de 2013
Devoraré tu soledad
Devoraré tu soledad,
como una sombra
de sabor a pereza y a silencio.
Y en la certeza plena
de tu boca
morderé la amargura
iluminada,
la suavidad doliente
y la palabra.
Ay, qué largamente dejas
el rastro de tu voz
por la memoria
del camino aturdido de besarte.
como una sombra
de sabor a pereza y a silencio.
Y en la certeza plena
de tu boca
morderé la amargura
iluminada,
la suavidad doliente
y la palabra.
Ay, qué largamente dejas
el rastro de tu voz
por la memoria
del camino aturdido de besarte.
jueves, 3 de octubre de 2013
Al modo garcilasiano: divertimento nocturno.
Hermoso fuera en la primera
Hora del día tus cabellos
Deslazar en el viento y la quimera
De yacer recluido
En el sedoso nido,
Hermosa sobre modo:
Ay, la prisión de sombra que tan bellos
Aquietan para el sol, quien si te toca
Tan querenciosamente
Es que te invoca,
Como mi voz doliente,
Por hundir resplandores
Por apagar ardores
En el cobijo dulce de tu boca.
Hora del día tus cabellos
Deslazar en el viento y la quimera
De yacer recluido
En el sedoso nido,
Hermosa sobre modo:
Ay, la prisión de sombra que tan bellos
Aquietan para el sol, quien si te toca
Tan querenciosamente
Es que te invoca,
Como mi voz doliente,
Por hundir resplandores
Por apagar ardores
En el cobijo dulce de tu boca.
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desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.
Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.
Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre algo ajeno, sino ese espacio más allá de una u otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, más allá del tiempo. Como si el poema no fuera ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.
Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.