miércoles, 27 de julio de 2016

La Filosofía, a las catacumbas en Bachillerato

La clandestinización de la Filosofía en Bachillerato es solo un síntoma más. Como lo es el camino por el que han ido arruinando los estudios de Letras y Humanidades. Primero acabaron con el griego enfrentándolo a Historia del Arte. Luego, diluyeron el Latín con el aguachirle de la Economía. Y multiplicaron catecismos laicos como esas Ciencias del Mundo Contemporáneo que son poco más o menos divulgación de televisión matutina. A fuerza de achicar espacios, seguro que acaban poniendo Perspectivas de Género y otras Melonadas como asignatura new age. Pero la corriente es más profunda, toda esta menuda desintegración de los planes de estudio y su febril infantilización desmemoriada es solo un síntoma de un mal muy avanzado, un cáncer que desarma por completo a nuestros jóvenes, buenistas y sin nada por lo que luchar. Educados en la protesta infantil, en el adanismo suicida, en la espuma de una modernidad vacía y autocomplaciente, que encubren el ovejuno talante en que se los apacienta.

Occidente se está suicidando. Tanto, que, por aportar una imagen muy reveladora, los yihadistas, cuando entran a una iglesia para cometer asesinatos masivos, encuentran un pobre anciano sacerdote, tres monjas y tres fieles. Los nuevos bárbaros no lo tendrán muy difícil para hacer caer un imperio envejecido, epigónico y hastiado de sí mismo.

lunes, 4 de julio de 2016

Ítaca, de Cavafis


Si emprendes el viaje a Ítaca,
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.

Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.

Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.

Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre un tanto ajeno, sino ese espacio más allá de una y otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, del tiempo. Como si el poema no fuera, en realidad, ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.

Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.
Algunos matices más.
He traducido directamente del griego. Cuando decía que es inasible o ajeno el original, me refería a lo limitado del conocimiento de otras lenguas. Salvo quizá en los bilingües nativos, la extrañeza es siempre una capa que nos parece impenetrable.
Más aún si la lengua es artificial. No es que quiera entrar en detalles de especialista, pero puede ayudar saber que Cavafis usa una lengua en cierto modo inexistente, una mezcla del griego demótico, popular, que nunca adopta por entero, y una lengua pura, artificialmente cercana al griego clásico, entonces mantenida por los autores más conservadores. De hecho, cada escritor griego siempre siente ese desafío, esa necesidad de marcar, lingüísticamente, la cercanía o la distancia con el lenguaje de la enorme y apabullante tradición helénica, que es sentida, y no, como propia. Mucho más en un poema que precisamente proyecta la existencia sobre el fondo de la Odisea, uno de los poemas que inauguran Grecia y Occidente. Y es esa distancia, precisamente, la clave: si quieres ser Ulises, no esperes aventuras maravillosas y mágicas. Toda la magia del camino está en ti, en tu escala humana. No podemos enfrentarnos a los dioses, que en realidad son obra nuestra, falso enaltecimiento que nos impide comprender de verdad nuestra grandeza. No renuncies a los sentidos, al cuerpo, a los perfumes del deseo; el adjetivo griego de perfumes abraza la alusión al placer, a la sensualidad. Y no renuncies al saber, a llenar tu alma. Esa es la riqueza, el recuerdo del placer, esa obsesión poética recurrente de Cavafis, simbolizada en Fenicia, y la sabiduría, que se reviste del prestigio del antiguo Egipto. Pero no olvidemos que Ítaca es una patria, que la Odisea es un regreso, una vuelta a uno mismo. Cambiado, enriquecido, viejo, pero protagonista de un regreso, ennoblecido por la memoria y el conocimiento.

No hay nada más, no hay engaño de la esperanza: solo tiene sentido el final de la vida en la medida en que se prolonga melancólicamente en torno al yo esencial, al propio origen último, pero distendido, ensanchado hacia el final de la muerte por el placer que se evoca y revive, ahondado en la mente cultivada. 

He aquí las dos claves de toda la poesía de Cavafis, de su ideal de vida, y de muerte: recuerdo del cuerpo, conocimiento del alma. Sus "personajes" poéticos siempre se mueven entre el deseo y la memoria, amenazados por el tiempo y la muerte, que aceptan ("no digas que fue un sueño..."), y humanizados por el conocimiento. Solo los dioses aúnan un cuerpo inmortalmente joven y la sabiduría, solo en ellos vida y recuerdo son, en cierto modo, simultáneos, sinónimos... Para nosotros, apenas la poesía nos permite, fugazmente, engañosamente, fundirlos.

Creo que estos apuntes pueden centrar mejor la lectura del texto, sin que pretenda invalidar, por supuesto, otras sugerencias que el poema de por sí despierta, emancipado de su autor y de su obra, ya con un alcance, como es fácil comprobar, personal e ilimitado. Ese es, sin duda alguna, uno de los privilegios de la auténtica poesía.

lunes, 30 de mayo de 2016

La Inquisición cupera

Parece ser que la CUP, en su flamante primer proyecto de ley que pretenden "de la nueva República", se plantea perseguir penalmente todas las formas de "incitación al odio" racial o por motivos de identidad sexual o política que ahora no pueden recibir castigo legal, por ser demasiado banales o leves. Naturalmente, promueve la creación de una Policía Moral Omnipresente, un "observatorio", nutrido de los numerosos aspirantes a inquisidor que la progresía va prohijando a cuenta de la religión de lo políticamente correcto... En fin, no me extiendo más.

Cómo no recordar el engaño quevediano de Pablos a aquella buena mujer, cuando la amenaza con denunciarla al Santo Oficio por decir "pío pío" a los pollos al alimentarlos, y dejar tan santo nombre de papa así infamado. Y cómo olvidar que le exige y obtiene el pollo mancillado de blasfemia, que el listo del Buscón despacha a las vacías tripas en un santiamén...

En esa clase de miedo cerval y mutua sospecha y escudriñe quieren instalarnos estos aprendices de Stasi neocuperos, en una paranoia constante al estilo iraní, con rasgoteos farisaicos de vestiduras, multas continuas y prisioncillas, y esa inagotable exaltación constante de su lenguaje avulgarado, romo, revolucionario por decreto, todo limpio y puro de fascismo, transbilesbihomofobia y los pecados horrendos que ofenden a los ulemas perrofláuticos. Aprovechemos que aún puedo escribir esto, antes de caer en una de sus celdas, obligado a leer quién sabe qué catecismos rojoides para purgar al modo Mao mi heterocapitalpatriarcofascismo.

domingo, 29 de mayo de 2016

Fernández Enguita, el Inefable Zote

No sé si se captan bien los apuntes de hoy, que proceden de Twitter. Se refieren a la última y rancia pseudoaportación de uno de mis odiados favoritos, Mariano Fernández Enguita. Un rancio carquiprogre que inocula cada tanto en El País su dosis de homeopatía educativa, su cháchara supersticiosa que trata de convertir el Bachillerato, ya hoy muy jibarizado, en una guardería multicolor y llena de globitos. Un moderno falansterio conventual con profesores secuestrados en perpetua reunión, aulas macro guguelizadas y el estudio transformado en una especie de piñata informática de la que los alumnos de ojos vendados extraen a golpes mandrílicos las chuches de colores de conocimientos monádicos, sin rigor intelectual ni estructura compleja alguna. Así, claro está, supura Enguita su mal disimulado rencor hacia el latín, tantas veces manifestado antaño. Y quizá nacido de un infausto dómine en estado de perpetua declinación, que debió de traumatizar a este vengativo profeta de la modernidad. Si tuviera éxito, alcanzaría el sociologuillo una victoria sublimada y tardía, fetichista, en las personas de los profesores que identifica obsesivamente con su torturador antiguo... Pobres de nosotros, que damos clases e intentamos favorecer la maduración intelectual de los alumnos, sin tratarlos como tontos a priori, porque no los creemos incapaces de pensar sin una pantallita retroiluminada y una constante toma de premios pavlovianos bajo la especie de pasatiempos gamificados.

Nos quiere Enguitilla no en el teatro, ni en el cine, ni leyendo, no, menuda abominación, sino en perpetua elaboración cansina de recortables tecnomodernísimos y en infinita entrevista y reunión, convertidos en una pobre parodia de padres de comuna para una juventud en proceso de infantilización eterna.
Sí, es uno de mis tontos favoritos. Uno de esos fray Gerundios que medra en el desconcierto actual, con sus sofismas de dominical, sus estadísticas interminables y ese tonillo de profeta progre que inexplicablemente aún encuentra oídos despistados que le atiendan.

martes, 8 de marzo de 2016

La destrucción del Bachillerato

Por casualidad, caigo en una página de internet donde pueden consultarse los Anuarios de un Instituto de Secundaria. Elijo los extremos, de 1995 y 2013. Y la sensación, no por previsible, es menos desoladora. Un barrio obrero de Zaragoza que ha visto cómo se le birla el acceso a profesiones y estudios superiores y se le cambian por las baratijas de la integración, la solidaridad y otras misas para indígenas. En efecto, la llamada renovación pedagógica ha producido en toda España una indigenización galopante del proletariado urbano, erigiendo contra sus miembros jóvenes un muro de contención que dificulta enormemente cualquier posibilidad de progreso social o de promoción personal y cultural. La formación queda convertida en una carrera de obstáculos, en la que el buenismo entontecedor absorbe la imagen que el individuo traza de sí en todo proceso de aprendizaje. Una clara prueba de ello queda simbolizada en mis compañeros: de un sexteto pujante de profesores de lenguas clásicas pasamos a un solo superviviente, mientras el departamento de pedagogas ("orientación", en su jerigonza) se multiplica por seis. Forma parte de la estrategia de psiquiatrización de la clase obrera, la creación de falsos problemas y su multiplicación artificial por brujos profesionales adiestrados, que actúan como auténticos evangelizadores en tierra americana. Son la vanguardia del ejército medievalizador de la sociedad moderna. Restituyen a los obreros a sus manualidades, sus talleres de chapitas y cajitas, en vez de las conferencias universitarias de 1995, y les emborrachan con el whisky desidentificador de las TDAs medicalizadas, las diversidades, los síndromes, las tutorías compulsivas, que los transforman en carnaza para los buitres a sueldo, especializados en la infantilización del proletariado bajo el estandarte del progreso educativo. Realmente, todo un proceso de ingeniería social, que, si bien se piensa, propende a fabricar una sociedad estamental, sin horizontes, que se avenga fácilmente a las tiranías populistas de neomarxismos o neoliberalismos, máscaras retóricas equivalentes, soluciones aparentemente contradictorias que no dejan de ser cómplices en la deshumanización rampante, las dos caras de una misma moneda de alienación, mixtificación y bestialización social en progreso imparable.

lunes, 12 de octubre de 2015

La muerte de los clásicos: y van unas cuantas...



Quizá el abandono actual del mundo clásico como referente privilegiado es la consecuencia última del éxito de la Ilustración como pensamiento laico o vagamente teísta. En efecto, sospecho que ellos recreaban la Antigüedad como un contrapeso al cristianismo, como si en el fondo retomaran la lucha de Juliano contra el Galileo. De hecho, es una forma de pensar el mundo antiguo que nunca sucumbió del todo, pues el cristianismo había reconstruido la paideia griega reciclando determinados materiales y arrumbando otros, cosa que no dejaba de llamar sordamente a una especie de venganza.

Ahora que el cristianismo desaparece de Europa como espacio público de pensamiento y autoridad, acabado su ciclo, las elites intelectuales abandonan lo que les parece ya un lastre, deseosas de ocupar los altares vacíos de lo clásico (y lo cristiano). Desdeñosas del esfuerzo y emulación de un gran ciclo histórico, lo apartan, proponiendo el falso originalismo romántico, renacido luego en las vanguardias tecnicistas que drenan y destruyen los referentes y todas sus secuelas del arte vacuo desemantizado, los postpensadores retoricistas franceses, estructuralistas (Levy Strauus, Foucault), la izquierda iconoclasta, vienesa (Adorno) y luego americana con su dadaismo posthippy y autoodio occidental (Chomsky)... Pensamientos líquidos, vacíos y sobre todo válidos en tanto que actuales, aunque eso los convierta, irónicamente, en modas de un solo uso.

Sin comparación posible, la casta pseudofilosófa rampante gana protagonismo en la superficialidad reinante, carente de modelos, de medidas... En un mundo ciego para sus clásicos, cualquier tuerto se hace rey y dueño de una cultura reducida al share y al brillo fugaz de las bengalas.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Te dejaré la luz

Te dejaré la luz
en las chiquitas manos,
como un caballito
triste y resabiado.

Y tú me dirás
cuántos galopes
te va dibujando
en los ojos llenos
de nube y de llanto.

lunes, 18 de mayo de 2015

Si puedo

Alguna cosa ha entrado
en algún verso que sé
que podré escribir, y no sé
cuándo, ni cómo, ni qué
acertará a decir. Si puedo
lo llevaré a tu lado.
Que diga tus cabellos
o la escama de sol
que te tiembla en esta uña.
Pero quizá no siempre
tendré presente por entero
lo que ahora veo en ti.
He oído el sonido oscuro
de una cosa que me cae
en algún pozo. Cuando flote,
¿sabré darme cuenta
que viene de este instante?

Gabriel Ferrater

(Retomo el blog con esta traducción. El poema original, en catalán, no deja de impresionarme por su sencillez y eficacia, la sutileza con que desdice lo que dice, con que se sustrae al tiempo que lo teje y se inscribe, en fin, en un espacio donde el tú está singularmente ajeno y presente, alejado y tangible)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Madre con niño muerto.

Sobre mis ojos
toda la noche dulce, como un grito
desnudo.
Y entre los dedos
llevo la herida
negra,
la sombra de la nubes,
la sed marchita
que duerme, esclava, en los espejos.

Ah, qué blanca la palabra
derrotada en los dientes
sin nacer al aire;
qué amapola tu piel
de letras devoradas,
de nanas secas
que se beben la sangre del silencio.

Dónde pondré tu cuerpo,
niño mío,
sobre qué cuna me nacerá
tu muerte, limpia
como una espada ciega.
En qué pozo de sal oscura
podrán anochecer tus ojos,
despoblados
bajo la quemazón reseca de estos besos.

jueves, 27 de marzo de 2014

Por lo visto

Por lo visto, no es fácil
olvidarte.
Tu olor se pega a mi memoria
con la destreza ambigua
de tu cuerpo.
Busco además
-sé que es absurdo-
la fricción y el ahogo,
la insistencia precisa de tu voz,
la lealtad incluso,
finalmente exaltada,
del grito y el placer.