sábado, 22 de septiembre de 2018

Pena de mí, de mis silencios largos,
Pena del corazón callado como un pozo,
Pena que se desborda en eco y mimo,
Pena que da gloria y espacio abierto.
Te vi de pronto en la penumbra grácil
Y te enhebré palabras como agujas dulces
Te desperté de sangres apagadas, mudas,
Te convidé al azar de amaneceres densos.
Eres mi soledad, mi canto negro, mi lascivia,
Vives en la marea salvaje del deseo,
Eres cuerpo de sal, de lágrima y de boca,
Selva del alma mía, nube de santidad, amor
Constante más allá del tiempo y sus acantilados.

sábado, 25 de agosto de 2018

El mar que ocultas

El mar que ocultas en los labios
la sal prohibida que me escuece
dulce en la soledad de oscura espera.

El viento que se moja de caricias
la tempestad del pálpito que alumbra
vida y deseo, y la humedad herida.

El largo espacio en que me miras
el gemido y la sombra, la delicia
de tu cuerpo encumbrado en cien estrellas.

lunes, 18 de junio de 2018

Vas a dejar tu boca

Vas a dejar tu boca en cada boca
de esta cumbre de heridas al acecho.
Vas a poner tus labios,
tu deslumbrada sed,
sobre el rumor preciso de la sangre.

Voy a dejar la pena encanecida
entre un zarzal de sombras ciegas.
A tatuarme el tiempo,
seca arena de siempres derramados.

Ha de brotar la oscura luz del aire,
el beso
por entre los espejos derrotados.

Delicia de este amargo amor amado.

Y mi lengua... va y busca tragos de miradas.

martes, 3 de abril de 2018

A boca plena

I dius que has d'esbrinar
pel cel de les esperes
empremtes de petons,
núvols de cendres.

I et dic que vaig triar
camí de flors i sang
pel cos que tens obert
com aigua i vela.

Cerquem els solcs del mar,
i els llavis i l'alè
fondran eternitats
d'instants i estrelles.

I al si de meu voltant,
del teu voltant endins,
beurem desig i foc,
a boca plena.

martes, 20 de marzo de 2018

Voy a escribir tus ojos

Voy a escribir tus ojos en la boca
de este verso de carne fugitiva.
Te besará la luz cuando regrese
al refugio feliz de tu mirada.

Saludará con un te quiero mudo,
con la sal y el espejo que en mis venas
gimen la imagen pródiga, caída
en los brazos del aire desatento.

Se dormirá en el cuerpo de una lágrima,
crisálida de amor y de tristeza,
para alumbrar la noche de quererte,
el día eterno y puro de besarte.




jueves, 12 de enero de 2017

Madre en buena espera

Pienso teñir tu frente
de nube y blanco sueño
con el agua de un nombre
empapado de vuelo.

Y mojaré tu ojos
de sonrisas y besos,
tras una larga aurora
de dolor y deseo.

Y llevarás la sangre
dormida en aleteo
de canciones de cuna
y de atentos silencios.

Y cuando ya tu boca
se me anude en el pecho
no sabré desprenderme
de tan hondo recuerdo.

Un reguero de luna
perezoso, y un viento
codicioso en mis labios
de adormecido tiempo

visitarán la cumbre
de tu hambre y tu sueño,
y añorarás las alas
que dejaste en el cielo.

Ay, sí, qué pena dulce
se derrama por dentro,
qué lágrimas de pluma,
de azahar y de hielo...

viernes, 6 de enero de 2017

Maternidad

Duerme la luz
Como un espejo hundido
En la delicia azul del sueño.

Duerme y se extiende
Lluviosamente;
Es un rumor de sombra
Evanescente.

Y nacerá enseguida
A la sabrosa vida del instante,
Al amor desbordado y la sonrisa
En tus ojos de miel
Y de deseo.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Recuerdo la sal

Recuerdo la sal:
dormía en tu boca
con descuido; parecía un deseo,
una caricia sobria de tristeza,
de repente encendida.

miércoles, 27 de julio de 2016

La Filosofía, a las catacumbas en Bachillerato

La clandestinización de la Filosofía en Bachillerato es solo un síntoma más. Como lo es el camino por el que han ido arruinando los estudios de Letras y Humanidades. Primero acabaron con el griego enfrentándolo a Historia del Arte. Luego, diluyeron el Latín con el aguachirle de la Economía. Y multiplicaron catecismos laicos como esas Ciencias del Mundo Contemporáneo que son poco más o menos divulgación de televisión matutina. A fuerza de achicar espacios, seguro que acaban poniendo Perspectivas de Género y otras Melonadas como asignatura new age. Pero la corriente es más profunda, toda esta menuda desintegración de los planes de estudio y su febril infantilización desmemoriada es solo un síntoma de un mal muy avanzado, un cáncer que desarma por completo a nuestros jóvenes, buenistas y sin nada por lo que luchar. Educados en la protesta infantil, en el adanismo suicida, en la espuma de una modernidad vacía y autocomplaciente, que encubren el ovejuno talante en que se los apacienta.

Occidente se está suicidando. Tanto, que, por aportar una imagen muy reveladora, los yihadistas, cuando entran a una iglesia para cometer asesinatos masivos, encuentran un pobre anciano sacerdote, tres monjas y tres fieles. Los nuevos bárbaros no lo tendrán muy difícil para hacer caer un imperio envejecido, epigónico y hastiado de sí mismo.

lunes, 4 de julio de 2016

Ítaca, de Cavafis


Si emprendes el viaje a Ítaca,
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.

Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.

Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.

Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre un tanto ajeno, sino ese espacio más allá de una y otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, del tiempo. Como si el poema no fuera, en realidad, ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.

Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.
Algunos matices más.
He traducido directamente del griego. Cuando decía que es inasible o ajeno el original, me refería a lo limitado del conocimiento de otras lenguas. Salvo quizá en los bilingües nativos, la extrañeza es siempre una capa que nos parece impenetrable.
Más aún si la lengua es artificial. No es que quiera entrar en detalles de especialista, pero puede ayudar saber que Cavafis usa una lengua en cierto modo inexistente, una mezcla del griego demótico, popular, que nunca adopta por entero, y una lengua pura, artificialmente cercana al griego clásico, entonces mantenida por los autores más conservadores. De hecho, cada escritor griego siempre siente ese desafío, esa necesidad de marcar, lingüísticamente, la cercanía o la distancia con el lenguaje de la enorme y apabullante tradición helénica, que es sentida, y no, como propia. Mucho más en un poema que precisamente proyecta la existencia sobre el fondo de la Odisea, uno de los poemas que inauguran Grecia y Occidente. Y es esa distancia, precisamente, la clave: si quieres ser Ulises, no esperes aventuras maravillosas y mágicas. Toda la magia del camino está en ti, en tu escala humana. No podemos enfrentarnos a los dioses, que en realidad son obra nuestra, falso enaltecimiento que nos impide comprender de verdad nuestra grandeza. No renuncies a los sentidos, al cuerpo, a los perfumes del deseo; el adjetivo griego de perfumes abraza la alusión al placer, a la sensualidad. Y no renuncies al saber, a llenar tu alma. Esa es la riqueza, el recuerdo del placer, esa obsesión poética recurrente de Cavafis, simbolizada en Fenicia, y la sabiduría, que se reviste del prestigio del antiguo Egipto. Pero no olvidemos que Ítaca es una patria, que la Odisea es un regreso, una vuelta a uno mismo. Cambiado, enriquecido, viejo, pero protagonista de un regreso, ennoblecido por la memoria y el conocimiento.

No hay nada más, no hay engaño de la esperanza: solo tiene sentido el final de la vida en la medida en que se prolonga melancólicamente en torno al yo esencial, al propio origen último, pero distendido, ensanchado hacia el final de la muerte por el placer que se evoca y revive, ahondado en la mente cultivada. 

He aquí las dos claves de toda la poesía de Cavafis, de su ideal de vida, y de muerte: recuerdo del cuerpo, conocimiento del alma. Sus "personajes" poéticos siempre se mueven entre el deseo y la memoria, amenazados por el tiempo y la muerte, que aceptan ("no digas que fue un sueño..."), y humanizados por el conocimiento. Solo los dioses aúnan un cuerpo inmortalmente joven y la sabiduría, solo en ellos vida y recuerdo son, en cierto modo, simultáneos, sinónimos... Para nosotros, apenas la poesía nos permite, fugazmente, engañosamente, fundirlos.

Creo que estos apuntes pueden centrar mejor la lectura del texto, sin que pretenda invalidar, por supuesto, otras sugerencias que el poema de por sí despierta, emancipado de su autor y de su obra, ya con un alcance, como es fácil comprobar, personal e ilimitado. Ese es, sin duda alguna, uno de los privilegios de la auténtica poesía.