lunes, 18 de junio de 2018

Vas a dejar tu boca

Vas a dejar tu boca en cada boca
de esta cumbre de heridas al acecho.
Vas a poner tus labios,
tu deslumbrada sed,
sobre el rumor preciso de la sangre.

Voy a dejar la pena encanecida
entre un zarzal de sombras ciegas.
A tatuarme el tiempo,
seca arena de siempres derramados.

Ha de brotar la oscura luz del aire,
el beso
por entre los espejos derrotados.

Delicia de este amargo amor amado.

Y mi lengua... va y busca tragos de miradas.

martes, 3 de abril de 2018

A boca plena

I dius que has d'esbrinar
pel cel de les esperes
empremtes de petons,
núvols de cendres.

I et dic que vaig triar
camí de flors i sang
pel cos que tens obert
com aigua i vela.

Cerquem els solcs del mar,
i els llavis i l'alè
fondran eternitats
d'instants i estrelles.

I al si de meu voltant,
del teu voltant endins,
beurem desig i foc,
a boca plena.

martes, 20 de marzo de 2018

Voy a escribir tus ojos

Voy a escribir tus ojos en la boca
de este verso de carne fugitiva.
Te besará la luz cuando regrese
al refugio feliz de tu mirada.

Saludará con un te quiero mudo,
con la sal y el espejo que en mis venas
gimen la imagen pródiga, caída
en los brazos del aire desatento.

Se dormirá en el cuerpo de una lágrima,
crisálida de amor y de tristeza,
para alumbrar la noche de quererte,
el día eterno y puro de besarte.




jueves, 12 de enero de 2017

Madre en buena espera

Pienso teñir tu frente
de nube y blanco sueño
con el agua de un nombre
empapado de vuelo.

Y mojaré tu ojos
de sonrisas y besos,
tras una larga aurora
de dolor y deseo.

Y llevarás la sangre
dormida en aleteo
de canciones de cuna
y de atentos silencios.

Y cuando ya tu boca
se me anude en el pecho
no sabré desprenderme
de tan hondo recuerdo.

Un reguero de luna
perezoso, y un viento
codicioso en mis labios
de adormecido tiempo

visitarán la cumbre
de tu hambre y tu sueño,
y añorarás las alas
que dejaste en el cielo.

Ay, sí, qué pena dulce
se derrama por dentro,
qué lágrimas de pluma,
de azahar y de hielo...

viernes, 6 de enero de 2017

Maternidad

Duerme la luz
Como un espejo hundido
En la delicia azul del sueño.

Duerme y se extiende
Lluviosamente;
Es un rumor de sombra
Evanescente.

Y nacerá enseguida
A la sabrosa vida del instante,
Al amor desbordado y la sonrisa
En tus ojos de miel
Y de deseo.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Recuerdo la sal

Recuerdo la sal:
dormía en tu boca
con descuido; parecía un deseo,
una caricia sobria de tristeza,
de repente encendida.

miércoles, 27 de julio de 2016

La Filosofía, a las catacumbas en Bachillerato

La clandestinización de la Filosofía en Bachillerato es solo un síntoma más. Como lo es el camino por el que han ido arruinando los estudios de Letras y Humanidades. Primero acabaron con el griego enfrentándolo a Historia del Arte. Luego, diluyeron el Latín con el aguachirle de la Economía. Y multiplicaron catecismos laicos como esas Ciencias del Mundo Contemporáneo que son poco más o menos divulgación de televisión matutina. A fuerza de achicar espacios, seguro que acaban poniendo Perspectivas de Género y otras Melonadas como asignatura new age. Pero la corriente es más profunda, toda esta menuda desintegración de los planes de estudio y su febril infantilización desmemoriada es solo un síntoma de un mal muy avanzado, un cáncer que desarma por completo a nuestros jóvenes, buenistas y sin nada por lo que luchar. Educados en la protesta infantil, en el adanismo suicida, en la espuma de una modernidad vacía y autocomplaciente, que encubren el ovejuno talante en que se los apacienta.

Occidente se está suicidando. Tanto, que, por aportar una imagen muy reveladora, los yihadistas, cuando entran a una iglesia para cometer asesinatos masivos, encuentran un pobre anciano sacerdote, tres monjas y tres fieles. Los nuevos bárbaros no lo tendrán muy difícil para hacer caer un imperio envejecido, epigónico y hastiado de sí mismo.

lunes, 4 de julio de 2016

Ítaca, de Cavafis


Si emprendes el viaje a Ítaca,
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales seres nunca en tu camino encontrarás,
si permanece alta tu visión, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo anima.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el cruel Poseidón no te toparás,
si es que no los albergas en tu alma,
si no es tu alma quien los alza frente a ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que, con qué placer, con qué alegría,
arribarás a puertos por primera vez vistos.
Entretente en los mercados de Fenicia
y compra hermosas mercancías,
madreperlas y corales, ámbares y ébanos
y deliciosos perfumes de mil clases
todos los deliciosos perfumes que puedas.
A ciudades de Egipto, acude a muchas,
y aprende y aprende de los sabios.

Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no apresures el viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure.
Y que ya viejo arribes a la isla,
rico de cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el hermoso viaje.

Sin ella, no habrías empredido el camino.
Ya nada más tiene que darte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas.

Traducir es quizá el único camino que podemos emprender para llegar al poema, al texto, esa ítaca inalcanzable que nos seduce y nos llama, tantálicamente, desde la urdimbre original. Una y otra vez, cambiamos una palabra u otra, precisamos un tiempo verbal o un término, aguzando el oído para tratar de oír, debajo de nuestras palabras, cuidadosamente colocadas, no tanto el sonido de la lengua original, inevitablemente siempre un tanto ajeno, sino ese espacio más allá de una y otra formulación concreta, esa otredad que tenazmente se desdibuja al otro lado de la voz, del tiempo. Como si el poema no fuera, en realidad, ni siquiera el original, sino una determinada idea viva, un cuerpo inasible que las palabras de Cavafis han contorneado y dibujado, y que nosotros aspiramos a atrapar, de nuevo, en ese vestido a medida y algo desmejorado que le podemos prestar con nuestra voz. Como una restauración de un objeto paradójicamente inmaterial, frío, extraño, en el que percibimos, sin embargo, la textura, la rugosidad, la calidez de la propia piel, milagrosamente convertida en palabras.

Sirva esta traducción, pues, como una nueva intentona, inexorablemente traicionera y silenciosa; esmerada, sin embargo, como una plegaria.
Algunos matices más.
He traducido directamente del griego. Cuando decía que es inasible o ajeno el original, me refería a lo limitado del conocimiento de otras lenguas. Salvo quizá en los bilingües nativos, la extrañeza es siempre una capa que nos parece impenetrable.
Más aún si la lengua es artificial. No es que quiera entrar en detalles de especialista, pero puede ayudar saber que Cavafis usa una lengua en cierto modo inexistente, una mezcla del griego demótico, popular, que nunca adopta por entero, y una lengua pura, artificialmente cercana al griego clásico, entonces mantenida por los autores más conservadores. De hecho, cada escritor griego siempre siente ese desafío, esa necesidad de marcar, lingüísticamente, la cercanía o la distancia con el lenguaje de la enorme y apabullante tradición helénica, que es sentida, y no, como propia. Mucho más en un poema que precisamente proyecta la existencia sobre el fondo de la Odisea, uno de los poemas que inauguran Grecia y Occidente. Y es esa distancia, precisamente, la clave: si quieres ser Ulises, no esperes aventuras maravillosas y mágicas. Toda la magia del camino está en ti, en tu escala humana. No podemos enfrentarnos a los dioses, que en realidad son obra nuestra, falso enaltecimiento que nos impide comprender de verdad nuestra grandeza. No renuncies a los sentidos, al cuerpo, a los perfumes del deseo; el adjetivo griego de perfumes abraza la alusión al placer, a la sensualidad. Y no renuncies al saber, a llenar tu alma. Esa es la riqueza, el recuerdo del placer, esa obsesión poética recurrente de Cavafis, simbolizada en Fenicia, y la sabiduría, que se reviste del prestigio del antiguo Egipto. Pero no olvidemos que Ítaca es una patria, que la Odisea es un regreso, una vuelta a uno mismo. Cambiado, enriquecido, viejo, pero protagonista de un regreso, ennoblecido por la memoria y el conocimiento.

No hay nada más, no hay engaño de la esperanza: solo tiene sentido el final de la vida en la medida en que se prolonga melancólicamente en torno al yo esencial, al propio origen último, pero distendido, ensanchado hacia el final de la muerte por el placer que se evoca y revive, ahondado en la mente cultivada. 

He aquí las dos claves de toda la poesía de Cavafis, de su ideal de vida, y de muerte: recuerdo del cuerpo, conocimiento del alma. Sus "personajes" poéticos siempre se mueven entre el deseo y la memoria, amenazados por el tiempo y la muerte, que aceptan ("no digas que fue un sueño..."), y humanizados por el conocimiento. Solo los dioses aúnan un cuerpo inmortalmente joven y la sabiduría, solo en ellos vida y recuerdo son, en cierto modo, simultáneos, sinónimos... Para nosotros, apenas la poesía nos permite, fugazmente, engañosamente, fundirlos.

Creo que estos apuntes pueden centrar mejor la lectura del texto, sin que pretenda invalidar, por supuesto, otras sugerencias que el poema de por sí despierta, emancipado de su autor y de su obra, ya con un alcance, como es fácil comprobar, personal e ilimitado. Ese es, sin duda alguna, uno de los privilegios de la auténtica poesía.

lunes, 30 de mayo de 2016

La Inquisición cupera

Parece ser que la CUP, en su flamante primer proyecto de ley que pretenden "de la nueva República", se plantea perseguir penalmente todas las formas de "incitación al odio" racial o por motivos de identidad sexual o política que ahora no pueden recibir castigo legal, por ser demasiado banales o leves. Naturalmente, promueve la creación de una Policía Moral Omnipresente, un "observatorio", nutrido de los numerosos aspirantes a inquisidor que la progresía va prohijando a cuenta de la religión de lo políticamente correcto... En fin, no me extiendo más.

Cómo no recordar el engaño quevediano de Pablos a aquella buena mujer, cuando la amenaza con denunciarla al Santo Oficio por decir "pío pío" a los pollos al alimentarlos, y dejar tan santo nombre de papa así infamado. Y cómo olvidar que le exige y obtiene el pollo mancillado de blasfemia, que el listo del Buscón despacha a las vacías tripas en un santiamén...

En esa clase de miedo cerval y mutua sospecha y escudriñe quieren instalarnos estos aprendices de Stasi neocuperos, en una paranoia constante al estilo iraní, con rasgoteos farisaicos de vestiduras, multas continuas y prisioncillas, y esa inagotable exaltación constante de su lenguaje avulgarado, romo, revolucionario por decreto, todo limpio y puro de fascismo, transbilesbihomofobia y los pecados horrendos que ofenden a los ulemas perrofláuticos. Aprovechemos que aún puedo escribir esto, antes de caer en una de sus celdas, obligado a leer quién sabe qué catecismos rojoides para purgar al modo Mao mi heterocapitalpatriarcofascismo.

domingo, 29 de mayo de 2016

Fernández Enguita, el Inefable Zote

No sé si se captan bien los apuntes de hoy, que proceden de Twitter. Se refieren a la última y rancia pseudoaportación de uno de mis odiados favoritos, Mariano Fernández Enguita. Un rancio carquiprogre que inocula cada tanto en El País su dosis de homeopatía educativa, su cháchara supersticiosa que trata de convertir el Bachillerato, ya hoy muy jibarizado, en una guardería multicolor y llena de globitos. Un moderno falansterio conventual con profesores secuestrados en perpetua reunión, aulas macro guguelizadas y el estudio transformado en una especie de piñata informática de la que los alumnos de ojos vendados extraen a golpes mandrílicos las chuches de colores de conocimientos monádicos, sin rigor intelectual ni estructura compleja alguna. Así, claro está, supura Enguita su mal disimulado rencor hacia el latín, tantas veces manifestado antaño. Y quizá nacido de un infausto dómine en estado de perpetua declinación, que debió de traumatizar a este vengativo profeta de la modernidad. Si tuviera éxito, alcanzaría el sociologuillo una victoria sublimada y tardía, fetichista, en las personas de los profesores que identifica obsesivamente con su torturador antiguo... Pobres de nosotros, que damos clases e intentamos favorecer la maduración intelectual de los alumnos, sin tratarlos como tontos a priori, porque no los creemos incapaces de pensar sin una pantallita retroiluminada y una constante toma de premios pavlovianos bajo la especie de pasatiempos gamificados.

Nos quiere Enguitilla no en el teatro, ni en el cine, ni leyendo, no, menuda abominación, sino en perpetua elaboración cansina de recortables tecnomodernísimos y en infinita entrevista y reunión, convertidos en una pobre parodia de padres de comuna para una juventud en proceso de infantilización eterna.
Sí, es uno de mis tontos favoritos. Uno de esos fray Gerundios que medra en el desconcierto actual, con sus sofismas de dominical, sus estadísticas interminables y ese tonillo de profeta progre que inexplicablemente aún encuentra oídos despistados que le atiendan.