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miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Tiene sentido el patriotismo de la Tercera República?

Qué otra cosa habría de ser esa España nueva que la plaza de primavera donde volaban los sombreros, el jardín sonoro de los desahuciados de hoy, la ruidosa herida de los lápices infantiles sobre papeles mudos, las guitarras doblando por los reyes falsos, aflamencadas, gozosas; Lorca, en las plazas, como un Sófocles de sangre y de barraca renovada; la luz del agua iluminando el hambre de los campos, la sed de viento húmedo y festivo.

Qué otra sal, sino la que llena la espera de agonía, habría de dejar el cadáver borbónico reseco, estatua que contempla eternamente viejas sodomas y gomorras de banqueros y falsos jerarcas sepultados. España sin Europas que dibujan fríamente mapas de suicidas, cuajados en sangre de griegos y chipriotas, de irlandeses y lusos. Una España de mujeres que barren las mareas de billetes falsos, país de Marianitas Pinedas, de votos entusiásticamente femeninos.

La República que nace, de nuevo, que revienta todos los pulmones de la desesperanza. Que hermana y une, que sueña caracoles de fuego por la espalda curiosa de las nubes. España, otra vez caballo verde para la poesía, sangre para este mar hecho de alcobas, medida exacta de la Tierra Vieja.

República de Abril. Alborada de un cielo redimido. Esperanza, fe, caridad. Hermana loba. Franciscana. Vieja Europa que sonríes, de nuevo en nuestros labios: carmesíes, dorados, lilas. Atenea, hecha de luz y de olivo. Pan y vino. Viva.

Viva la República.

viernes, 31 de agosto de 2012

Lleno de ti

Como el espejo bebe
la luz, la piel, la silenciosa
mansedumbre huidiza de las cosas,
así bebo las huellas
lacerantes y dulces
que tu boca sembraba
en el cristal callado de mi espalda.
Y duele, sin embargo,
aún no poder mirarme
–impaciencia de seda–
en el agua sedienta de tus ojos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Luz mendiga

Te abrazo a veces,
luz mendiga,
con repentinos párpados,
y a veces en los ojos
desnuda
te recojo.

Cuerpo adentro
en sigilo
cuidadoso te llevo
por oscuros caminos
de cauces
interiores.

Y a escondidas
derramas
los pequeños latidos
de rumor
y de ausencia.

Transparencia mojada,
tu blanda calidez
de temblorosas yemas
emergidas.

Qué espesura el sabor
amanecido
de besar las palabras
con que cubro
tu cuerpo blanco
y tibio.

Dulce luz, pordiosera
que no tienes
cama propia
ni espejo,
esta voz que te viste
es tu amante,
tu cristal
y tu huella.