miércoles, 30 de septiembre de 2009

Por contestar a Gil de Biedma, también en el desamor

No dejaste siquiera,
lo sabes bien y debes admitirlo,
la sombra agria
de tu silencio sucio
fundida en los labios agrietados del olvido.

Solamente un espacio
humillado y vacío, una carencia débil,
un alimento
hecho de besos corrompidos.
La bebida letal e indiferente,
el dolor áspero de noches dilatadas.

Quiero tus manos, sin embargo,
quiero de nuevo
su olor a humo y a deseo;
las palabras traidoras, emboscadas
en tu boca
que atareada, suavemente,
acaricia mi sexo
hasta el abrupto nácar desbocado.

Esta memoria, lánguida y errante,
un camino cegado de maleza,
mánchala tú de nuevo
con las huellas profundas,
con la luz arrasada
del amor rebosado,
ese hermano
lascivo y frío de la muerte.

lunes, 28 de septiembre de 2009

De Jaime GIl de Biedma: ¿Fue posible que yo no te supiera...

¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.

martes, 22 de septiembre de 2009

Poetas clásicos en la voz de Alfonso de Lucas Buñuel

Tentaciones tenía de denigrar miserables pedagogos, sociólogos, políticos, esos matarifes de cerebros que destrozan el futuro de su patria supurando declaraciones, leyes, decretos, ordenanzas: Rafael Feito, Mariano Fernández Enguita, Jaume Graells. Pero no merecen ni siquiera el honor de convertirse en títeres de nuevas zahúrdas de Plutón, de ser alguacilados en este tribunal de viento y nadería. Oigamos, mejor, en la voz de Alfonso --un mi amigo-- los versos que ellos aspiran a barrer y suplir con sucedáneos de literatura para loros lobotomizados. Lope, Quevedo, Bécquer, Alberti, Miguel Hernández. Oh cuánto gana esta entrada con estos nombres, cuánto empiezo ya a lamentar haber acogido el nefasto sonido de esotros no hace nada.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

Primera palabra

Sería tan hermoso
recordar cómo en mis labios
se abrió paso por fin
una palabra... Suave y húmeda,
llenó su cuerpo frágil
con la sutil materia,
la miel paciente de los besos.
Y ya, oscura suavidad de boca,
se volvió de repente
en luz sonora y firme,
en el destello mágico del verbo.
Se hizo voz de mi carne,
palabra de mi cuerpo,
aurora de sonrisa,
nombre para la querencia y el deseo.
Sí puedo recordar, en cambio,
(y es aún más hermoso)
cuántas veces se han muerto mis palabras
ahogadas
vencidas en el dulce mar del beso.
Cuántas alas han roto entre tus labios,
cómo, mojadas otras veces
en el silencio y el deseo,
han dejado ya apenas su silueta
sobre el papel desierto.
Y sin embargo, ¿sabes,
di, lo más hermoso?
Que dibujen por fin
en tus ojos
la caricia flexible
la miel eterna y leve de su vuelo.

martes, 8 de septiembre de 2009

Los profesores abandonan la Universidad pedagógica

De cuando en cuando, el diario El País publica artículos juiciosos sobre educación. Cuando abandona el tono izquierdoso convencional, y sobre todo cuando da la palabra a personas sensatas, aparecen en sus páginas muestras de una gran valía, que desafortunadamente apenas emergen entre tantas columnas y reportajes confiados a las manos de expertos.

Hoy, Rafael Argullol habla del abandono de los mejores profesores. Su huida ante el triunfo de los tramposos, de los burócratas, y ante la marea de la huera modernización, toda ella powerpoints y multimedias. Y pone el dedo en la llaga cuando al concluir proclama que no se trata solo del fracaso de los estudiantes universitarios y su atrevida y soberbiosa ignorancia. Sino que ello es síntoma de toda una sociedad, que ha abandonado el camino del saber por la satisfacción momentánea, avulgarada y superficial, de los deseos más inmediatos.

No creemos que el saber desaparezca. Simplemente, la forma de adquirirlo, de mejorarlo, de transmitirlo dejará de producirse predominantemente en las aulas universitarias, donde solo sobrevive trivializado y, eso sí, digitalizado, o, por el contrario, casi de manera clandestina. Con la destrucción de las clases magistrales, se mata a los maestros y se recrea la superstición, muy medieval, de que el saber es una cosa, algo material que, sin embargo, pulula y vagabundea por la red, donde puede ser capturado por cualquiera. Está ahí arriba, de donde hay que saber bajarlo y precocinarlo en expresiones audiovisuales. No es una superstición inocente. Es una añagaza de los mediocres, charcuteros de superficialidades, pedagogos de baratillo, de los que a pantallazos y esquemitas pretenden derribar los altares y el prestigio de los profesores auténticos, condenados a un patético eremitismo de publicaciones sin lectores, a un balneario terminal de jubilaciones anticipadas.

Un cambio de paradigma. Muchas veces, en la transmisión del saber, ha habido momentos decisivos, críticos, en los que una gran masa de la tradición se perdía. Y sobre todo, se perdía, no tanto el saber como cosa, sino la posición del sabio, su capacidad de interpretarlo, de mantenerlo vivo en la conciencia de su tiempo. Costosas han sido las resurrecciones, los renacimientos, las ilustraciones. Y ahora, entre tanto fuego de artificio y tanta Bolonia y tanto remedo, mucho se perderá. Mucho clérigo cerbatana del credo vacuo llenará su vientre y faltriquera. Y quién sabe cuántas generaciones serán precisas para restaurar una manera de saber, una figura humana que ahonda, bucea, destila y transmite un saber construido, humano, vivido. Auténtico. Magistral.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Después de amarte

Camino de la luz, cristal de tiempo,
olor oscuro de las bocas,
otra vez encontradas
en la quietud suave del beso, en el que brotan
palabras húmedas como raíces.

No te aguarda el invierno ni la muerte,
no te quiebra la agonía transparente del viento,
la envidia azul de las gaviotas.

Deja la sal crispada en las heridas,
en la grieta lasciva
del deseo, ese cachorro
enfermizo y suave
como tus senos de lluvia.

Todo tu cuerpo, sí, todo tu cuerpo
como una imagen empapada,
una sombra sudorosa, excitada,
prevenida, taciturna. Habitable.

Toda la espada negra del placer
su amable filo, la espera deslizada,
las blancas manos invisibles
que acarician los labios de la muerte.
Mi cuerpo, derribado
en el lecho sinuoso del olvido.

Espuma de silencio, pozo que abisma nubes detenidas,
hierro de alcoba. Dolor, fiel y preciso.
Después de amarte.

Reencuentro

Mucho tiempo sin escribir. Y a cada día le cuadra su página. Pero no siempre se plasman las palabras. Aletean erráticas por el pensamiento, sin anidar en el refugio de una frase, de una sintaxis moldeada y precisa.

Estos días he leído cosas de burkas y gripes, de normas y leyes, reflexiones de política general; he visto el paso de las gentes, reparando a veces en las miradas hurtadas y fijas en un destino concreto y exigente, a veces en el andar de quien ignora y no se cuida de adónde se dirige.

Y no es sólo que de todo esto quiera opinar, o simplemente que piense en enfocar y tomar la instantánea que abruptamente capta una mirada irreflexiva. Es también que no pequeña parte del placer de vivir consiste en poner vestidura de palabras a la desnuda naturaleza de la experiencia fría. Esa fina destreza con que el lenguaje pugna por entender, al tiempo que desliza su quirúrgica incisión sobre la piel de lo vivido.

Espero que poco a poco podré dejar aquí lo que al descuido fermenta y madura en la mente. Y que pueda complacer a los que por aquí paseáis, amablemente, cada tanto.