Quiero abrir al silencio una fragante herida,
una sangrante luz a la piel de la sombra.
Que un chorro de palabras desbordadas humee
y empape soledades de hemorragias fecundas.
Sabe tu sangre, amor, a sal, a fuego oscuro,
llena la boca entera de promesa y refugio:
como una caracola arrumbada que exhala
por mis labios sedientos el mar en un suspiro.
Tal vez resurgen vivas por tu cuerpo las voces,
las reliquias de amor que rebrotan y escupen
el eco enrojecido de exaltaciones húmedas.
Escucha su conjuro, ¿no te hiere y te inunda
con la suavidad brusca de los sueños antiguos?
¿No te hundes de nuevo desmayada en la cumbre?
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martes, 30 de noviembre de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Mira mis manos
Amor, mira mis manos
llenas de ti, de todo lo que ansía
mi anhelo cuando acecho
la manera absoluta de besarte.
Llego desde tus labios
huérfanos de silencio, fugitivos,
y desciendo nevando
por tu cuerpo las llamas de mi boca
hasta el sabor oscuro
de la sangre que envuelve por tu sexo
el deseo que mata y que te anega.
Es una herida
rebosante de luna temblorosa,
gruta menstrual de voz
en donde bebo
tu amor abrupto y lleno,
el grito rojo donde ahogas
densa cumbre de algas agitadas,
agua espesa de luz,
gozos de soledad amanecida.
Luego te ahondo, amor,
voy poniendo los tragos del deseo
en la boca exaltada de tu vulva,
lenta y golosamente
aferrada a mi sexo aventurado.
Y eres al fin espacio,
nube, sangre, gemido, sombra viva;
gritas, tensas el tiempo y la codicia
manas de tu abundancia
toda el agua y la vida, la delicia,
y te estalla el deseo en cien estrellas.
llenas de ti, de todo lo que ansía
mi anhelo cuando acecho
la manera absoluta de besarte.
Llego desde tus labios
huérfanos de silencio, fugitivos,
y desciendo nevando
por tu cuerpo las llamas de mi boca
hasta el sabor oscuro
de la sangre que envuelve por tu sexo
el deseo que mata y que te anega.
Es una herida
rebosante de luna temblorosa,
gruta menstrual de voz
en donde bebo
tu amor abrupto y lleno,
el grito rojo donde ahogas
densa cumbre de algas agitadas,
agua espesa de luz,
gozos de soledad amanecida.
Luego te ahondo, amor,
voy poniendo los tragos del deseo
en la boca exaltada de tu vulva,
lenta y golosamente
aferrada a mi sexo aventurado.
Y eres al fin espacio,
nube, sangre, gemido, sombra viva;
gritas, tensas el tiempo y la codicia
manas de tu abundancia
toda el agua y la vida, la delicia,
y te estalla el deseo en cien estrellas.
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