Viene de pronto hasta mi mente
el espacio ambicioso que me envuelve
recordando
tus ojos. Viene y me exalta,
y huele a luz y a sal
tu voz suave,
un resplandor hondo y sedoso,
que recoge en su seno
la llama fría
y casi extinta de mis ojos.
Luego, alma mía, de repente,
qué incendio de palabras, qué presencia,
qué noche amable
más que el alborada. Sabor de bocas,
lazo de cuerpos y deseo.
Y memoria, y espejo, y siempre aroma
y lágrima vencida,
amor voraz, más poderoso
que la vida.
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lunes, 22 de marzo de 2010
lunes, 28 de septiembre de 2009
De Jaime GIl de Biedma: ¿Fue posible que yo no te supiera...
¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.
Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!
Pero pasaste
como un Dios destruido.
Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.
cerca de mí, perdido en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.
Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!
Pero pasaste
como un Dios destruido.
Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.
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