domingo, 25 de enero de 2009

La gangrena educativa



En el lejano Oeste se publicaban los retratos de los forajidos, para ofrecer recompensa por su captura. Hoy nos tenemos que limitar a exponer a vergüenza pública el rostro de uno de los profetas y artífices de la destrucción intelectual de España: Álvaro Marchesi, este sonriente sectario policromo que ahora extiende su pestífera y compulsiva memez por las Américas. Pero vayamos al grano, a lo de hoy, por amargo que sea.

No deja de producir melancolía el avance, enorme ya, de la gangrena educativa, su ascenso imparable a la zona más noble, a lo que debiera ser el alma misma del saber, su culminación viva e iluminadora. Veamos:

Entre los deberes de los estudiantes están el respeto a los miembros de la comunidad universitaria y los actos académicos, después de que en los últimos meses se produjeran altercados como la interrupción de las clases o de actos por parte de los alumnos anti-Bolonia. Tras la aprobación del estatuto, las universidades tendrán que establecer un régimen de convivencia (con los tipos de infracciones y sanciones) como los que existen en los institutos de secundaria.

No solo aturde el contagio de absurdos conceptuales como comunidad universitaria, evidente transposición del nauseabundo y omnipresente comunidad educativa --con su pérfida nivelación de lo que es, en sana jerarquía, universitas scholarum et magistrorum, es decir, la confluencia de los que saben y enseñan y los que ignoran y aprenden--. Además, la aparición de regímenes de convivencia, ya descaradamente equiparados a los que existen en los institutos de secundaria, que van a horadar en rectorados y decanatos cuevas para supernannys y otros troglodíticos monstruos psicopedagógicos.

Dios mío. Cada día que amanece, el número de tontos crece. Siempre ha sido así. Lo terrible es que ahora habitan, unos, la Universidad. Otros, la dirigen. Y en fin: cada día está más claro que el saber va a emigrar progresivamente de sus templos oficiales. Que su transmisión y mejora va a refugiarse en ámbitos privados, de acceso limitado y escaso. Y caro. Que caminamos a una medievalización y atomización de la sociedad, fragmentada en gremios y sectores minorizados. Incapaz de ofrecer una imagen del hombre, un camino preciso y visible para su educación y su progreso. Este Mundo Feliz Asistencial de los socialdemócratas, este infierno clasista en que cada vez será más difícil cambiar el estamento de nacimiento. Las paradojas de la corrosiva izquierda, su impenitente wishful thinking, su blandura. Ya está aquí, por fin: la universidad de plastilina.

1 comentario:

  1. Desolador, pero certero en tu análisis, amigo. Y esa foto... Prefiero las de mi blog, sin duda (aunque hoy he puesto la de otra impresentable, la consejera de la cosa en Andalucía, puf).

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