lunes, 14 de abril de 2008

Ministras de Zapatero: suma y sigue


El orgullo de Zapatero tiene causas desconocidas. Pero no se alarmen: hay sesudos psicólogos e intuitivas psicólogas –incluso viceversa-- que olisquean el enigma, rastreando ignotas pistas. Y surgen teorías sugestivas. Quizá es que presume de talento matemático, por haber reunido, tras concienzudos cálculos, exactamente una mujer más en su gabinete. Tal vez pretende asegurarse un futuro prometedor en el noble oficio de sexador de candidatos y candidatas, de aspirantes y aspirantas, para los partidos políticos y las partidas de... concejales de urbanismo. Sí, hombre, como las que ya existen de pollos y de... de la pollería, vaya. Y es que la cosa promete. Veremos un Vaticano, ya es casi un hecho, donde las leyes paritarias reeditarán sillas gestatorias para confirmar, por riguroso turno, la feminidad de las papisas, y hasta de las cardenalas. Olimpiadas en las que jueces y juezas, la judicatura deportiva, en fin, determine el género de atletos y atletas en estricta observancia de su libre opción, sin reparar en menudencias tales como los genitales externos, que ya sabemos que interfieren en el igualitario derecho a elegir de cada cual y cuala. Todo merced a la gestión del nuevo ministerio, que propagará la buena nueva a todas las personas y personos y crecerán por las Europas y las Asias los nuevos ministerios de Igualdad, concepto tan pitagórico como revolucionario. La luz inundará nuestros corazones y siempre recordaremos al Moisés zapateril, con sus tablas y tablados, sus promesas y promesos. Sus duplicados dimes y diretes, zipizapes, protocolas, arzobispas, ministerias. Y uno que pensaba que la igualdad consistía precisamente en no tener en cuenta el sexo para los nombramientos... Cómo estábamos y estábamas tan ciegos, tan bizcas, tan tuertos, tan bisojas. Pero ZP ha hecho, en un día, mundo nuevo. Casi de la nada. Y ha visto, con orgullo infinito, que era bueno. Y buena la ha hecho.

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