Es cierto, pretendí alejarme
con todo en mi poder:
el eco tenso de la piel,
la oscuridad suave,
azul, vibrátil del placer
que derretía
las manos de una miel helada y fértil.
Quise ocultarte, lo confieso,
el alijo completo:
el denso refugio de tu voz
para la primavera huida,
los labios embebidos
en la sombra menuda de la tarde,
la voluntad ausente
del aire cegado entre gemidos.
Ya detenido, dejo en la aduana
estricta de tu boca
solo palabras en depósito:
la prueba material
de este culpable amor de contrabando.
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